Seguro que te suena: te apuntas con ganas a mejorar tu inglés, te imaginas hablando con soltura en un viaje o en una entrevista, pero cuando toca hacer ejercicios, escuchar audios o enfrentarte a esa gramática que se te atraganta… la motivación se desinfla.
Una propuesta teórica reciente de S. Strietholt en The Modern Language Journal sugiere una explicación muy útil: una forma de entender esas subidas y bajadas es mirar la motivación no solo como “metas futuras”, sino como algo que se decide en el momento, mientras haces la tarea de aprendizaje. La clave está en cómo esa tarea encaja (o no) con tu identidad.
La idea clave: tu identidad también estudia (o se rinde)
La teoría en la que se apoya el artículo viene de la psicología y se llama identity-based motivation theory (motivación basada en la identidad). Básicamente quiere decir que:
- Persistimos más cuando lo que hacemos encaja con nuestra identidad (quién creemos que somos o quién queremos ser).
- Abandonamos más cuando la tarea se siente ajena a esa identidad o nos hace pensar “esto no es para mí”.
Lo interesante es que esta teoría no mira solo el futuro (“quiero hablar inglés”) sino el presente inmediato: qué te estás contando internamente mientras haces una actividad concreta.
La motivación depende también del presente
Muchas teorías de motivación en aprendizaje de idiomas se han centrado en objetivos, aspiraciones y el “ideal self” (tu “yo ideal” hablando el idioma). Eso sigue siendo importante, pero Strietholt subraya un hueco:
Puedes tener un objetivo enorme (por ejemplo, trabajar en una empresa internacional) y aun así desmotivarte con el día a día: la práctica, los errores, la sensación de ir lento, la vergüenza al hablar…
La motivación, entonces, no es una “batería” fija. Es algo que fluctúa según:
- el contexto (clase, casa, móvil, con gente, solo…),
- el tipo de tarea (leer, hablar, memorizar, escribir),
- y la identidad que está más presente en ese momento (malo en idiomas, cabezota, orgulloso, perseverante, curioso, persona con buena memoria…).
La dificultad y la identidad
Una de las ideas más útiles del resumen es esta: la teoría ayuda a explicar por qué hay estudiantes con metas muy claras (por ejemplo, “necesito inglés para mi carrera”) que aun así se atascan con tareas diarias. No es necesariamente falta de ganas. Hablemos de la dificultad de una tarea por ejemplo. La dificultad en hacer algo puede aumentar la motivación… o destrozarla:
Cuando la dificultad te impulsa
Si interpretas el reto como una señal de:
- “esto es importante”,
- “estoy entrenando algo real”,
- “es normal que cueste”,
entonces la dificultad se convierte en combustible 🔥. En inglés: challenge as meaning. Tú te identificas como alguien que es capaz de hacer algo, y por lo tanto, te motiva realizar esa actividad.
Cuando la dificultad te hunde
Si la interpretas como:
- “no valgo para esto”,
- “voy fatal”,
- “si me cuesta tanto es porque no tengo talento”,
la dificultad se vive como amenaza y aumenta el abandono 😨. En inglés: difficulty as impossibility. Tú te identificas como alguien que no es capaz de hacer algo, y por lo tanto, no deseas hacer esa actividad.
La misma tarea (por ejemplo, escuchar un podcast con acento diferente) puede ser motivadora o desmotivadora según el significado que le des.
Una nueva forma de sentir el aprendizaje
Te cuento algo sobre mí que está un poco relacionado con esto. Cuando empecé a estudiar coreano en 2020 tenía el objetivo de llegar a un nivel intermedio relativamente rápido. Necesitaba hacerlo todo bien y quería cambiar de tema lo más rápido posible para acabar el libro y pasar a lo siguiente. Me estresaba estudiando y haciendo ejercicios y no disfrutaba nada del proceso. Spoiler: no duré mucho. Estuve dos meses estudiando y lo dejé. Todo eso a pesar de saber lo que sé sobre aprender idiomas.
Pero esto no va de lo que sabes, sino de como te sientes. En parte, la decisión de estudiar un idioma desde cero de adulta fue por experimentar toda la teoría y la práctica de todo lo que sé como experta en lingüística, y para también poder entender de primera mano las emociones de otros adultos que empiezan desde cero.
Después de 5 años sin estudiar ese idioma, el mes de marzo de 2025 me apunté de nuevo a clases de coreano. Esta vez algo había cambiado, y no era un cambio que se diera por saber más cosas sobre los idiomas, sino de saber más sobre mí. Logré ver el proceso como algo a disfrutar, no solo un trámite sino un destino en si mismo. Ir a clase es un fin en si mismo. Allí exploro las posibilidades, me asombro de las excepciones, y aprendo de mis errores. Sigo siendo igual de perfeccionista, pero ya no me frustra tanto cuando no todo sale perfecto. Digamos que he cambiado un poco mi identidad de «estudiante de idiomas». Ahora soy la orgullosa propietaria de un diploma de nivel A1 en coreano.
La clave práctica que saco de este estudio es intentar salir de esa identidad que hace que vivas el aprendizaje de inglés como algo negativo. Hay que salir del bucle de: si me cuesta/no obtengo lo que quiero ➡️ emociones negativas ➡️ abandono. Se puede intentar relacionar esas dificultades con otras ideas como las que te he mencionado en la sección anterior.
La intención es convertirte en alguien que se percibe a si mismo como capaz no solo de hacer sino de disfrutar aprendiendo.
Referencia: Strietholt, S. (en prensa). Situating identity-based motivation theory in second language acquisition: Foundations, comparisons, and implications. The Modern Language Journal.
