A diario me salen anuncios en todas mis redes sociales ofreciendo cursos de inglés con los que por fin cualquier estudiante podrá hablar inglés perfectamente en un tiempo récord y sin apenas esforzarse.

Cuando tienes experiencia como profesor, ese tipo de afirmaciones te suenan bastante falsas. En este artículo te voy a explicar por qué.

Un método para gobernarlos a todos

Cuando eres profesor/a de inglés y te has formado para ello, sabes de la existencia de decenas de métodos. Cada uno de ellos, en su momento, fue novedoso e innovador. Cada uno de ellos tiene sus aspectos positivos y negativos, y deben ser examinados desde distintos puntos de vista y en base a los criterios que el profesor o profesora tenga, a su forma de trabajar y al contexto.

La estrategia más aceptada con respecto a los métodos es que no hay ninguno que sea superior a los demás y que es a través de él uso selectivo de distintos métodos cuando se alcanza un mayor nivel de aprendizaje, adaptándolos a la propia manera de trabajar y a las necesidades de los alumnos (y no adaptando a los alumnos al método). Esto conlleva que, para muchos profes, no exista “el método” sino “los métodos”, que se combinan para obtener los resultados deseados. Hay importantes autores en el mundo de la enseñanza de idiomas (por ejemplo, Diane Larsen-Freeman o Scott Thornbury) que han escrito bastante sobre el tema de los métodos y siempre veo un análisis parecido: no existe una fórmula mágica pero existen fórmulas mejores para cada profesor y grupo de alumnos, y es tarea del docente encontrar la combinación perfecta.

Por ejemplo, yo recientemente me he interesado mucho por un método en concreto. Para mí, lo más interesante es ver en qué modo puede ser compatible con mi forma de trabajar y ver qué partes o principios puedo aprovechar con mis alumnos y alumnas. No todas mis clases tienen la misma dinámica, ni todos los alumnos los mismos intereses y necesidades, aunque desde luego, todas mis clases tienen algo en común: los principios que utilizo para tomar decisiones sobre contenidos y metodologías, y el modo en que los pongo en práctica.

El método que todo lo puede

Un método que se basa en una única forma de trabajar (por ejemplo, repetir oraciones o escuchar audios repetidamente) no puede ser muy efectivo porque no es completo. No mira el lenguaje desde distintos ángulos. Hablar de un método infalible o universal es, además, obviar que cada persona aprende de forma ligeramente distinta y que hay cosas que a unos les funcionan y a otros no.

Algunos de estos métodos prometen que obtendrás los resultados sin apenas esfuerzo. Es evidente que a muchas personas nos encantaría poder aprender un nuevo idioma sin que nos costara tiempo y esfuerzo, y los que venden este tipo de cursos lo saben. Se hacen promesas que me parecen poco menos que imposibles (por ejemplo, pasar de ser principiante a tener un nivel avanzado en menos de un año), y me parece poco ético prometer a la gente cosas que sabes no van a pasar.

¿De verdad merece la pena?

He encontrado un curso en el que el solo un mes de uso de una plataforma online son más de 500€. Sin tener profe ni ir a clase ni nada. Sólo ejercicios. ¿Realmente merece la pena?

Puede que aprender frases de memoria te motive porque obtienes un resultado inmediato: te aprendes la frase, pero, ¿es eso todo? ¿aprendes así a comunicarte con otra persona? ¿a expresar tus ideas?

Si lo que buscas es estudio independiente, hay multitud de opciones de uso gratuito o más asequible: aplicaciones, páginas con recursos descargables, vídeos de Youtube etc. También puedes comprar libros de lectura, gramática, vocabulario…

Por supuesto, es mucho más ventajoso seguir un programa que enfrentarse solo/a a una tarea tan inmensa como aprender un idioma. Es fácil sentirse agobiado/a porque no sabes por dónde empezar ni seguir. Si ese es tu caso, te recomendaría tener un profesor o profesora particular o acudir a una academia. Eso lo hará todo más sencillo porque tendrás a alguien que atienda tus necesidades, un espacio para practicar tus habilidades y competencias, alguien que te guíe en cuanto a los contenidos que podrías aprender en cada momento y te resuelva dudas, te corrija, te explique las cosas si no las entiendes y además te apoye y te motive (al menos eso intento yo 😆).

Un poquito de humildad.

La realidad es que aunque cada uno desarrolle de forma personal los principios de cada método, siempre construimos sobre el trabajo de otros académicos, lingüistas, pedagogos, profesores y psicólogos. Por eso, además de falaz, decir que uno o una posee o ha ideado “el método definitivo” me parece muy arrogante, puesto que cualquier nueva corriente está, de algún modo, inspirada o basada en el trabajo e investigación de nuestros predecesores.

Además, también he visto anuncios que publicitan métodos que contradicen y/o deslegitiman estudios e investigaciones académicas contrastadas, algo que me parece bastante preocupante ya que es directamente engañar a los futuros alumnos/clientes.


Para finalizar, tengo una reflexión. Mi filosofía personal es que para tener éxito al aprender un idioma lo más importante es la curiosidad, la motivación y el trabajo constante. A pesar de que hay pasos clave para avanzar en un idioma, si no te gusta aprender, si no te gusta cómo aprendes, es difícil que lo hagas. El método es importante en ese sentido.

Es posible que necesites el inglés en tu trabajo o en tus estudios, o quizá quieras mudarte a un país de habla inglesa. O a lo mejor, simplemente te encanta aprender idiomas. Eso querrá decir que tienes una motivación muy fuerte para aprender. Aprovecha esa motivación para trabajar duro, ya sea con recursos gratuitos, o haciendo un curso o con ayuda de un/a profe. Mi único consejo es que no te dejes llevar por anuncios que prometen milagros previo pago de miles de euros. Aprende más sobre lo que te ofrece cada profesional o empresa antes de decidirte. Pregunta en más sitios. Al final, te sentirás más a gusto con tu decisión.